Memoria del Seminario permanente sobre el amor y la muerte, Luis Antonio Restrepo: Miguel de Cervantes: “El Quijote de la Mancha”

Sesión del 7 de mayo de 2016

CAPÍTULO PRIMERO

Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha

En un lugar de Medellín, de cuyo nombre es fácil acordarse, no ha mucho tiempo que nos encontramos poco más de cuarenta personas para acompañar nuestras inteligencias y compartir nuestra intención de saber de las aventuras del famoso y valiente hidalgo Don Quijote de la Mancha, de su fiel escudero Sancho Panza y de Rocinante, su delgado rocín. Miradas alegres, gruesos libros sobre las mesas, espíritus prestos a la conversación, quizás algún celebro seco como el del protagonista por haber leído de claro en claro y de turbio en turbio, sonrisas, abrazos y uno que otro chascarrillo, inundaban el salón donde nos instalamos para llevar a cabo nuestra tarea. 

Habiéndonos reunido en pequeños subgrupos, era fácil notar que cada quien, cada uno y cada una, se hacía con la palabra y expresaba ante su pequeño público lo que el ingenioso hidalgo le había insinuado en este primer capítulo, de tal forma que la conversación se iba tejiendo poco a poco y palabra tras palabra.

La situación siguiente fue más o menos así: vuelto cada quien a su sitio, un integrante del grupo se dirigió al seminario divulgando lo discutido previamente, siendo entonces obligación de quien les escribe, ofrecerles lo poco o mucho que tuvo en suerte escuchar y recoger.

Como es de esperarse, entre seres humanos amorosos de la lectura y del pensamiento emergieron multiplicidad de interpretaciones y formas de entender y complejizar este capítulo. Se dijo, por ejemplo, que don Quijote sale a la aventura desde una posición de creador del mundo, de quien como el mítico Adán, camina por el Edén nombrando todo aquello que tiene ante sus ojos. ¿Es el Quijote un creador de realidad? ¿No encuentra satisfacción en el mundo que lo rodea y decide crear otro? ¿Es entonces un loco con la fuerza de la transgresión y transformación a su haber? Pudo haberse quedado sumergido en sus lecturas hasta que la muerte tocara a su puerta, pero no hizo así, y nuestro recorrido por las páginas que narran su historia es el resultado de esta decisión.

Escuchando estas ideas, otra mano se levantó entre los presentes y continuó de la siguiente forma: El Quijote de la Mancha es, en estos momentos, apenas unas pocas páginas dentro de esta historia, un hombre en el camino del dogmatismo, de quien no dialoga con la realidad sino que de inmediato imprime en ella lo que ya tiene en su cabeza, que en este caso son los libros e historias de caballería. Invoquemos aquí la pluma de Cervantes: «En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaron las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio.» ¡Un loco! ¡Eso es lo que es!, ahora bien, ¿no vale la pena resaltar que es la locura lo que empuja a don Quijote, a sus 50 años, a la aventura de ser otro, un caballero? Volvamos a la pluma de Cervantes: «Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.» No hay mejor forma de describir a un dogmático: quien no haya nada más cierto en el mundo que lo que tiene en su cabeza: la espada, el escudo, las riñas, la voluntad de deshacer entuertos y agravios, su honor y su doncella. ¿Por qué caminos cabalgará nuestro distinguido Quijote? ¿Transitará por los caminos del convencimiento irreflexivo o acaso encontrará a quien le rodee de palabras y con pueda sostener una conversación?

Se dijo también que nuestro personaje quiere un lugar en el mundo de los caballeros, y no cualquier lugar, sólo uno ganado por él mismo, en sus aventuras y sus batallas. No sale al mundo diciendo: “Soy Amadís de Gaula o Bernardo del Carpio”, no. Tiene nombre propio, tan propio como propio es el nombre de su caballo, tan propio como propia es su aventura. En ningún libro de su biblioteca, aquella lograda vendiendo poco a poco las fanegas de tierra de su hacienda, se encontrarán los nombres Quijote o Rocinante, pues esta historia es sólo suya, y esta lectura que hacemos es sólo nuestra.

Ya avanzada nuestra conversación y buscando el final de tan dichoso encuentro, se escucharon unas palabras reconocedoras del lugar de otro personaje. De nuevo que sea aquí el estilo propio del escritor quien nos lo introduzca: «Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmádose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma.» Aldonza Lorenzo, que entre este grupo de amorosos lectores y lectoras será conocida como Dulcinea del Toboso, es entonces la mujer elegida por nuestro singular protagonista para enviarle a todo enemigo derrotado en aras de que hinque sus rodillas y presente honores a la dueña de su corazón. Como quien no tiene reato en hablar de quien apenas conoce, dijimos de dicha doncella que era una mujer inventada, idealizada, intocable, de forma que el Quijote pudiera abanderarla en sus batallas y no tener que vérselas con mujeres reales. Poco supo Aldonza Lorenzo del amor que otrora le prodigó el Quijote, «según se entiende, ella jamás lo supo ni [él] le dio cata de ello». ¿Será besada con pasión por unos labios de un rostro enjuto? ¿Será prisionera alguna vez de los brazos secos de carne de nuestro protagonista? ¿Acaso se encontrará alguna vez en el lecho con el Quijote?

Así, pues, llegamos al final de nuestra primera sesión, una que con alegría y risa nos invita a que cada semana nos aprestemos al encuentro con un loco como ningún otro y sepamos de su aventura por los caminos de La Mancha. Quieran los dioses que nos encontremos y acompañemos nuestras inteligencias e interpretaciones para cabalgar todos juntos durante unos años al lado del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha, cuya aventura acaba de comenzar.

Hasta la próxima,

Vincent Restrepo

Responsable de la memoria.

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